Amores

22 Mar

Amores hay de muchos tipos, algunos pasajeros, algunos profundos; amores superfluos que pasan sin dejar huella alguna. Pero hay amores que sí permanecen: Amor a los padres, por habernos dado la vida y por habernos educado; amores de hermanos, por sobrellevar las cargas junto con nosotros; amores de amigos, por estar con nosotros y tendernos la mano.

Pero hay amores mucho más arrebatadores y cautivantes, como el amor a los hijos que es para muchos conocidos, pues nos entregamos de una manera asombrosa y a veces nos equivocamos, pero intentamos siempre de la mejor forma posible estar a su lado, procurando su bien, lo mejor de la vida, y a veces entregándoles hasta la vida misma a sabiendas que no siempre somos bien recompensados. Pero en nuestro corazón sabemos que vale la pena, pues son nuestros hijos, sangre de nuestra sangre, producto de aquello que un día sentimos por aquel ser que nos ayudó a darles vida.

Pero hay otro amor que a diferencia de los anteriores nos da algo bello, la loca pasión y el sentimiento de entrega que sólo podemos tener hacia el ser amado, ese ser que nos sabe tratar, que nos sabe hablar, que sabe cómo llegar hacia nosotros y llenarnos de felicidad plena y constante; y es que cuando nos entregamos de todo corazón y mente a esa persona, nos volvemos uno en ella y así confirmamos que es un amor que perdura, y una vez que caemos en él, aunque las circunstancias nos separen, el amor que hay en medio nuestro no nos deja jamás y no se lo damos a nadie más.

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